Un taller de mecanizado puede cerrar el año en positivo y no saber de dónde ha salido el resultado. El conjunto cuadra, pero dentro hay piezas que sostienen la cuenta y otras que se la comen, y no hay forma de distinguirlas. Esto no es un problema de contabilidad. Es que los datos necesarios para verlo no se generan.
El resultado global esconde el de cada pieza
La contabilidad da el margen de la empresa, y a veces el de un cliente o el de un proyecto. Casi nunca el de una familia de piezas.
Así que el taller sabe que gana dinero, pero no si lo gana a pesar de la serie que más ocupa las máquinas. Y mientras no lo sepa, seguirá aceptando trabajos que preferiría rechazar y rechazando otros que le interesaban.
Ofertas que no se pueden comparar entre sí
Para saber qué deja margen hay que poder poner dos ofertas al lado y que signifiquen lo mismo. Eso exige que estén calculadas con el mismo criterio y con el mismo nivel de detalle. En la mayoría de los talleres no ocurre. Cada técnico presupuesta con sus supuestos sobre amarres, aprovechamiento y márgenes de tiempo, y muchas ofertas son un total sin desglosar. Dos presupuestos de piezas parecidas no son comparables ni aunque los haga la misma persona con seis meses de diferencia.
Lo previsto y lo que pasó en máquina
La segunda mitad del problema está en planta. Para saber si una pieza dejó el margen esperado hace falta comparar el tiempo que se presupuestó con el que se consumió de verdad. Esa comparación casi nunca se hace, porque el tiempo real no se registra o se registra en partes que se rellenan a final de turno y de memoria. Sin el dato real, el margen de cada pieza es una estimación sobre otra estimación. El resultado práctico es que los errores de presupuestación no se corrigen. Se repiten, siempre en la misma dirección, hasta que alguien se da cuenta por casualidad.
Lo que se decide a ciegas
Sin control de márgenes por pieza, un taller toma sin datos decisiones que valen dinero:
- Qué familias de piezas conviene perseguir comercialmente
- Qué trabajos rechazar cuando la carga está alta
- Qué máquina compensa comprar
- Dónde se puede ajustar el precio sin perder dinero
Qué hace falta para verlo
Hacen falta dos cosas, y las dos se pueden tener sin montar un departamento nuevo. La primera es que todas las ofertas salgan desglosadas y con el mismo criterio, de forma que se puedan comparar. La segunda es que el tiempo real de cada trabajo se registre solo, sin depender de que alguien lo apunte. En ZITU trabajamos las dos partes. TRAZOR genera los presupuestos con criterios uniformes y desglosados por material, operaciones, herramientas y amarres. ERIS recoge de las propias máquinas lo que ha pasado en planta. Con el previsto y el real en el mismo sitio, el margen de cada pieza deja de ser una impresión.
Preguntas frecuentes
¿Por qué no basta con el margen global del taller?
Porque el resultado del conjunto puede ser bueno mientras algunas familias de piezas pierden dinero. Hasta que no se separa, el taller sigue aceptando los trabajos equivocados.
¿Qué hace falta para controlar el margen por pieza?
Ofertas desglosadas y calculadas con el mismo criterio, y el registro del tiempo real de cada trabajo. Sin las dos cosas, el margen por pieza no se puede calcular.
¿Por qué no sirven los partes de trabajo rellenados a mano?
Porque se completan a final de turno y de memoria, con lo que el tiempo registrado se redondea y se aleja del real. Para comparar con lo presupuestado hace falta un dato que no dependa de eso.
¿Cada cuánto conviene revisar el margen por familia de piezas?
Al menos una vez al trimestre, y siempre antes de decidir una inversión en maquinaria o un cambio de política de precios.


